Blue Velvet nace de la observación y del cine.

De esos momentos donde la luz y los objetos transforman una escena, y de la admiración por el cine de antaño y su forma de construir atmósferas.

El universo de Lynch es una inspiración, no desde la copia, sino desde la intención: encontrar lo extraño dentro de lo cotidiano.

Cada imagen parte de ahí. Una escena detenida, pensada para sentirse más que explicarse.